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Sectas. El lado Oscuro de la Nueva Era. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Manuel Márques   
Sábado, 06 de Noviembre de 2010 21:29

Este es un estudio sobre la problemática del fenómeno de las sectas en el marco de la Nueva Era, sus peligros, sus métodos y algunos consejos sencillos para evitar vernos implicados, todo ello basado en los trabajos de varios expertos en el tema, así como en mi propia experiencia personal.

He aquí, para comenzar, tres valiosas citas que ilustran bien esta problemática, y a la vez, mueven a una profunda reflexión.

“De la Luz más brillante surge la sombra más oscura.”
Enseñanza de la Sabiduría Tradicional

“Razonar y convencer, que difícil, largo y trabajoso! ¿Sugestionar..?, que fácil, rápido y barato!”
Santiago Ramón y Cajal

“Poned la Felicidad en la Libertad,
poned la Libertad en la Valentía.”
Tucídides (Atenas, siglo V A.C.)

 

Vivimos en un momento histórico fascinante. A nuestro alrededor contemplamos como las viejas estructuras del patriarcado, que han definido desde hace miles de años la política, la economía, la religión, la educación, la cultura, y la familia en nuestras sociedades, van desmoronándose lenta pero inexorabablemente, en medio de una larga y pesada agonía, dejando las puertas abiertas a nuevas formas de entender y vivir la vida, más acordes con nuestra naturaleza y destino como Humanidad, parte integral de un Universo mucho más complejo, fascinante y acogedor de lo que hasta hace poco podíamos concebir.

Muchos de nosotros no queremos ser simples espectadores, sino también, y dentro de nuestras posibilidades, protagonistas de este cambio, implicándonos con pasión en el estudio de las nuevas formas de pensamiento, de la medicina natural, poniendo en práctica un estilo de vida armónico y respetuoso con los demás seres del Universo, participando en talleres de aprendizaje y diversas ceremonias, compartiendo nuestro tiempo y vivencias con personas que participan de esta misma visión…

…pero como dice sabiamente el refrán, “no es oro todo lo que reluce”, y la Nueva Era también alberga sus peligros. El escritor y profesor John Babbs, en “El Fundamentalismo de la Nueva Era,” escribe lo siguiente:

“Gente hermosa, dulce, amable, espiritual. Fascinantes visionarios. Pero bajo todo ese esplendor acecha una sombra apenas velada por los beatíficos tópicos de la dulzura a la que denomino Funtamentalismo de la Nueva Era, la creencia de que yo poseo la verdad y de que todos los demás están equivocados, son estúpidos o malos, la convicción de que yo
represento a las fuerzas de la luz y la bondad mientras que los demás están engañados por las fuerzas del mal.

Esto, obviamente, no es algo que se declare en voz alta. Se trata, por el contrario, de algo encubierto pero, no por ello, menos presente.”

Tal y como señala la primera cita de este artículo, según la Sabiduría Tradicional o Perenne, como también se la conoce, la Luz y la Oscuridad coexisten y son interdependientes en nuestro Universo dual, es decir, no pueden existir la una sin la otra.

Podemos verlo en todos los aspectos de nuestra existencia y el movimiento de la Nueva Era, que nació hace apenas medio siglo, no es una excepción a esta regla.

Profundicemos, pues, en el fenónemo de las llamadas sectas destructivas, con la intención de que las conclusiones que puedan extraerse del análisis de las características de estas organizaciones y su modus operandi puedan servir de ayuda a todas aquellas personas que lo necesiten.

George Feuerstein, en “La sombra del Gurú iluminado”, aborda esta cuestión explicando como la conducta de muchos gurús (maestros de sabiduría) contemporáneos contradice sus enseñanzas, rayando en ocasiones en lo absurdo o incluso en la maldad más descarnada.

Esto es debido a que intentan conquistar la espiritualidad sin antes haber trabajado en la transmutación e integración de los aspectos básicos y más inconscientes de su propia personalidad, una tarea que por otra parte todos nosotros debemos cumplir si realmente queremos realizarnos como seres humanos. He aquí un extracto de su artículo:

“Los caminos espirituales tradicionales suelen basarse en el ideal vertical de la liberación de los condicionamientos del cuerpo y de la mente y, por consiguiente, se orientan hacia el supuesto bien último, el Ser trascendente.

Obviamente, toda autotrascendencia implica un cierto grado de autotransformación, lo cual no suele implicar lamentablemente el esfuerzo sostenido y armónico de trabajar con la sombra y lograr la integración psíquica.

Esto podría explicar por qué existen tantos adeptos excéntricos y autoritarios con una personalidad tan poco ajustada a la sociedad.”
Un problema aún mayor surge cuando estos personajes, siempre dotados de carisma e inbuídos de su vanidad transcendente, reunen en torno a sí mismos a personas deseosas de encontrar un guía para recorrer su propio camino de evolución espiritual como seres humanos, guía en el cual depositan no sólo su confianza, sino también y en buena medida su tiempo y/o su dinero y el control de su vida, además de emular la conducta de su gurú, y es que en casos como éste, la llamada fe del nuevo converso, que lleva con facilidad al fanatismo, se vuelve rápidamente en contra de quienes la siguen; tal y como nos recuerda la segunda cita, es más fácil y sencillo sugestionar con promesas deslumbrantes de espiritualidad barata, que no convencer mediante el razonamiento y la promesa de trabajo duro.

En este punto podemos valernos de la escena del cuento de “El flautista de Hamelín” en la cual las ratas siguen fielmente la música del flautista saliendo fuera de la ciudad, para entender lo que sucede.

Vamos a buscar el significado general de la palabra secta e incidir en las peculiaridades que le dan su significado específico en el contexto que trato en este artículo.

Si echamos mano del diccionario, éste nos dirá, por ejemplo, que “Secta es una escisión –separación- de un grupo pequeño procedente de otro mayor con el cual comparte un orígen común, por diferencias ideológicas o de interpretación de una doctrina.”

Estudiamos, a continuación, las características de las conocidas como sectas destructivas, a grandes rasgos, las siguientes:

• El fín primordial de los líderes de estas organizaciones es conseguir poder, ya sea éste económico, y/o de otra clase, manipulando la ilusión y la dedicación de sus seguidores.

• Tienen dos facetas muy diferentes: una externa, atractiva y socialmente correcta, que es la que muestran al público, y de la cual se sirven para atraer a sus futuros miembros, y otra interna, la auténtica, basada en la creencia profundamente asumida de que “Nosotros somos los elegidos y tenemos una misión histórica que cumplir.”

• Comparten una ideología, muy marcada y estricta, que sirve también al fin de uniformar el pensamiento de todo el grupo. Esta ideología es aceptada plenamente, sin dar opción a la más mínima crítica en el seno del grupo, gobernado por una jerarquía férreamente establecida, considerada infalible y que se legitima a sí misma en base a la confianza otorgada por el “Poder Superio o Divinidad X” que le ha encargado su misión, que por otra parte es realmente inalcanzable, razón por la cual, los adeptos cargarán siempre con la culpa de no ser lo suficientemente buenos.

• Su doctrina, considerada superior en su campo a cualquier otra pasada, presente o incluso futura, se halla protegida tras un muro de misterio, siendo accesible sólo cuando se poseen las claves de interpretación adecuadas para ello, claves que naturalmente, están en manos de la jerarquía de la organización, que solamente las comparte cuando a su juicio se han hecho los esfuerzos necesarios para merecerlo.

• Para ellos, el resto del mundo simplemente está equivocado, o en el peor de los casos es un enemigo diabólico, al que hay que temer y del cual hay que protegerse, y por este motivo, la jerarquía asume la tarea de conseguir que sus adeptos se desindentifiquen todo lo que les permitan sus nuevas obligaciones, del mundo que han dejado atrás, haciendo válida la frase de “O estás conmigo o contra mí.”
El proceso mediante el cual la secta opera para reclutar a sus miembros es, a gross modo, el siguiente:

• Estudian cuidadosamente a quienes se acercan a sus actividades para seleccionar a aquellos que pueden ser candidatos a futuros miembros, o sea, a quienes están lo suficientemente interesados y que a su vez merecen el esfuerzo de ser captados.

• Escogen, después de haber analizado la personalidad y circunstancias de la vida de esas personas, a aquellas que en ese momento son vulnerables, ya sea porque estén pasando por un periodo especialmente difícil a nivel personal y/o se sientan solos, porque las deficiencias en su educación afectiva, sus carencias emocionales o su permanente falta de autoestima les conviertan en seres tendentes a depender de la seguridad que observan en otras personas y son incapaces de encontrar en sí mismos, o bien porque su ansia de encontrar respuestas, su insatisfacción personal y la falta de estímulos vitales, es tan acentuada que les impide discernir.

• A éstas se les dedica gran atención, al resto, a quienes no muestran suficiente interés, gozan de la sufiente seguridad en sí mismos y de la compañía de amigos y familiares, o no valen la pena, simplemente se les dedica la mínima atención y se espera que pierdan el interés y se acaben yendo a otra parte.

• Llevan a cabo un cuidadoso y estudiado proceso de integración de los nuevos mienbros, consistente en convencerles de: “lo sumamente afortunados que sois por haber sido aceptados como mienbros de este selecto y poderoso grupo destinado a la gran tarea de cumplir una misión X de gran trancendencia para toda la humanidad.”
• Esto se lleva a cabo después de haber seleccionado las motivaciones y características de su personalidad que deben ser potenciadas para hacerlos encajar con precisión en el molde que tienen preparados para ellos, mientras combaten sin tregua o dejan morir de inanición aquellos rasgos o afanes personales que no interesan, bien porque dificultarán la “integración” del futuro miembro, bien por que no aportan nada válido a los intereses del grupo.

• Se trata de un proceso lento, que puede durar años, y en el cual, tal y como describe el profesor de Psicología Social de la Universidad de Arizona Robert Cialdini, “De manera sutil al principio, pero más claramente según va transcurriendo el tiempo, se va involucrando muy progresivamente a la persona en la vida y objetivos del grupo, de manera que cuando ésta quiere reaccionar ya está totalmente comprometida en la dinámica de la organización.” Es la técnica psicológica conocida como “meter el pie en la puerta.” Grace Stoen, antigua miembro del “Templo del Pueblo”, la secta dirigida por el reverendo Jim Jones, tristemente célebre por el suicidio colectivo cometido en 1978, recuerda que “Nunca se hacía nada de modo drástico. Lentamente, uno iba renunciando a ciertas cosas y poco a poco tenía que ir aceptando otras; pero todo se hacia gradualmente. Hubiera sido lógico pararse a reflexionar, pero al hacerse todo de forma paulatina, terminabas pensando que si habías llegado hasta ahí, no ibas a renunciar a lo ya conseguido, sino que aún podías ir un poco más allá…”

• Mediante este proceso, durante el cual y de manera continuada se ejerce sobre el adepto una gran presión psicológica –y en algunos casos también física- construyen un falso yo, una verdadera carcel para la psique del nuevo miembro.

• El paso siguiente es hacerles ver que quienes no desean participar en el grupo son personas indignas de confianza, egoístas o perversas, incluídos familiares y amigos cercanos, además de prevenirle en contra de cualquier fuente de información crítica con el pensamiento del grupo, fuente, que por supuesto, le dirán que ha sido manipulada con el fín de sembrar en él dudas infundadas y maliciosas para alejarle del “sendero de la verdad”.

• Así se sentirá cada vez más alejado de sí mismo y del mundo que conoció, su familia, sus antiguos amigos, sus aficiones y proyectos personales… a partir de ahora, el grupo y sus intereses son la prioridad en su vida, él o ella les pertenece de facto, y con ello el proceso de captación habrá concluído con éxito. La socióloga de la California State University, Janja Lalich, que también formó parte de una secta, afirma en su obra “Captive Hearts, Captive Minds: Freedom and Recovery from Cults and Abusive Relationships,” que “Solamente existe una comunicación verdaderamente sincera cuando las personas están en un nivel de igualdad. Esta condición jamás se da en el seno de una organización de esta clase. La diferencia de poder convierte a los adeptos, sometidos a los mandatos de la jerarquía, en personas muy dependientes emocionalmente, y por ello, vulnerables y fácilmente manipulables.” No es extraño que muchos antiguos adeptos sufran el llamado “Síndrome de Estocolmo”, afección psicológica que normalmente se aplica a personas que han sufrido secuestros prolongados.

A partir de aquí, habiendo acabado ya la exposición del modus operandi de las organizaciones sectarias, podemos concluir, recordando la última cita, una de las más inspiradoras y motivadoras que conozco, que la Libertad y el Libre Albedrío son uno de los derechos fundamentales que poseemos como Seres Humanos, un derecho al que jamás debemos renunciar.

Espero, de corazón, que este artículo os sea útil, a vosotros o a cualquier persona que conozcáis que tenga o haya tenido esta experiencia y a la cual podais ayudar.

Manuel Marqués
 

Última actualización el Miércoles, 08 de Diciembre de 2010 08:46
 
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