Había tocado fondo! Mi Alma, como un ave intentando remontarse con sus alas heridas, cargando desde hacia demasiado tiempo con el peso de su dolor, cayó al fin, extenuada, impotente para levantarse, rendida, para no volver quizás, a alzar nunca más el vuelo …
Aún en esa situación, en el fondo de mi ser me negaba a aceptar la derrota como una condena de por vida… Algo habría que pudiese hacer! Pero, ¿el qué?
Algunas semanas después supe de la terapia con geometrías de Obsidiana. Había escrito un correo electrónico a una terapeuta llamada Surá Lillo pidiéndole ayuda, con la esperanza de que ella pudiera darme alguna solución práctica a mis bloqueos emocionales.
Recibí su contestación algunos días después, y en su carta me explicaba que éramos nosotros mismos quienes elegíamos vivir experiencias dolorosas como las que yo le había narrado, porque al vernos reflejarnos en ellas, nos dábamos la oportunidad de conocer nuestro ser interior, aquel que en realidad somos, y que se oculta detrás de todas nuestras máscaras.
ES NUESTRA LUZ Y NO NUESTRA SOMBRA LO QUE MAS MIEDO NOS DÁ.
Esta afirmación de Anthony Robbins, uno de los gurús más importantes y reconocidos del desarrollo personal en todo el mundo, siempre me había llamado la atención, porque rompía todos los esquemas de la lógica…
¿Por qué nuestra Luz nos da más miedo que nuestra Oscuridad? No es razonable ¿No? Hasta esta mañana no la había podido comprendido en toda su profundidad.
Cuando me he despertado, con el estómago encogido y un fuerte dolor en la parte frontal de la cabeza, como viene siendo habitual en los últimos días, no dejaba de preguntarme a mí mismo el porqué de esta reacción psicosomática tan fuerte –exagerada diría yo- a pesar de que es evidente que el tema es importante para mí para mi futuro.
Quiero compartir con vosotros lo que no os contarán en los medios de comunicación oficiales acerca de la acampada - protesta que se está realizando en la Puerta del Sol en Madrid (España). Si os resuenan estas palabras, por favor compartir esta información con vuestros seres queridos, para que tengan otra visión.
Ayer y antes de ayer he estado bastante tiempo en la Puerta del Sol, actual epicentro mundial de la Revolución planetaria. Reconozco que aunque coincido desde el primer momento con la queja generalizada de dicha concentración contra el actual sistema político, económico y social, al principio no quise involucrarme mucho en dicho movimiento, por parecerme insuficientes las propuestas resultantes de las Asambleas. En ningún lugar se hablaba del Amor ni de la vuelta al Orden Natural... Sentí que se asemejaba a la antigua "revolución francesa, aquella que acabó degenerando en el actual sistema aparentemente de libertad y secretamente (aunque ya es un secreto a voces) de esclavismo para la mayoría de los seres humanos.
No se nos ocurrirá blandir el “¡ya lo habíamos avisado!”. Ante todo somos una sola humanidad hermanada ahora más que nunca en el dolor, unida también para explorar nuevos futuros, nuevas y colectivas sendas, ahora sí por fin junto al sol, junto al aire, junto a las mareas y la Vida. No se nos ocurrirá hacernos los “sabidos”, pues hay 180 héroes que seguramente sí creyeron en la energía nuclear y ahora están entregando su vida para salvar las de muchos otros.
Ya hay un antes y un después de Fukushima. La central siniestrada despide vapores y lecciones con pareja presión. Primero el alarde de esos casi dos centenares de valientes que se saben con limitadas posibilidades de respirar mañana. Junto a ello el ejemplo mundial de equilibrio y de paz en el alma de toda esta nación ante la acumulación de desastres. Pero además Japón ha colocado el mayor interrogante a la civilización materialista en todos los tiempos. Somos uno con este pueblo fuerte, sereno que se ha prestado, ahora y entonces (1945), para tan definitivas lecciones. Japón y sus tsunamis y sus reactores dañados, Japón y sus nubes invisibles y su tragedia imprevista nos invitan a volver a empezar, a olvidarnos de muchos patrones que hasta ayer regían nuestros destinos.
Héctor Abad nació en Colombia en 1958 y se licenció en Literatura moderna en Italia. Regresa a Colombia en 1987 cuando un grupo paramilitar asesina a su padre (médico defensor de derechos humanos y fundador de la que ahora es la facultad de medicina), pero vuelve a Italia por las amenazas recibidas. Regresó en 1993, aproximadamente, y en la actualidad reside en Bogotá.
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Por Héctor Abad
Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.
A los hombres machistas, que somos como el 96% de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido.
Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachos, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.