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Osiris Y los Arquetipos Femeninos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ana Silvia Serrano & Federico Trossero   
Jueves, 24 de Marzo de 2011 10:56

mente-llave.jpgOsiris el huevo de obsidiana, es una geometría que trabaja terapéuticamente desde un enfoque energético en varones y mujeres, ya que debido a las cualidades físicas y energéticas, por no decir alquímicas de la obsidiana, muestra los cambios y modificaciones que como tránsito hacia la conciencia, resultan en la sanación de los diversos cuerpos del individuo como ser multidimensional.

En la obra que titulo Osiris, el Huevo de Obsidiana, Sanación de la Energía Femenina, editorial Continente año 2010 (1), propongo no sólo la aplicación de dicha geometría para la sanación de quistes, miomas, endometriosis y otras afectaciones físicas de la mujer, sino que sugiero elevar el trabajo a nivel de arquetipo, que en el lenguaje energético corresponde a una cuarta dimensión. El motivo de ir a esa instancia, es conocer a esa “sombra” de la que Carl G. Jung (2) habló en el siglo pasado, una existencia del ser, intrínseca, donde cada individuo convive con esa “sombra” que no es más que el inconciente personal y que dentro de ese tejido, se contiene a la vez en una sombra colectiva, o inconciente colectivo. Es sombra porque no la vemos, porque la desconocemos, es sombra porque está dentro de nosotros, porque mora en el inconciente de cada persona. Esta sombra, según autores como el arriba citado, o Mircea Eliade (3), entre otros, se constituye de las diversas memorias que el individuo ha venido acumulando a manera de acervo existencial. Son recuerdos del pasado que han quedado plasmados como energía en el ser, y que se pueden conocer a través del cuerpo, de las emociones y también de recuerdos o sueños.

En la historia desconocida de la mujer, se encuentran memorias dolorosas y recuerdos grabados con el miedo que paralizó en aquél momento el devenir de esa persona y que afecta su presente en cuanto a su sentir, a su pensar y a su actuar. Esto significa que si una persona tiene actualmente conflictos que no ha podido resolver, es debido seguramente a alguna situación traumática vivida en su pasado que no le permite traspasar ese estado de shock o de parálisis ante dicha situación. Para Eliade, “rememorar es sanar”, lo que confirma la tesis anterior, donde la puerta de salida, ya lo han dicho expertos de la bioenergética como Shapiro(4), o Dehfelson (5), entre otros, es “volver a sentir” aquello que ha quedado atrapado como memoria, para liberarlo y sanarlo.

Desde el enfoque de trabajo terapéutico, los arquetipos resultan ser de máxima valía en cuanto a la oportunidad que éstos ofrecen para regresar a sentir, a vivenciar, a profundizar y a rememorar aquello que se quedó paralizado desde nuestras emociones, desde nuestro corazón. En la obra de OSIRIS, el huevo de obsidiana, se sugiere un trabajo energético con el fin de rememorar. La obsidiana es un vidrio volcánico que parece una roca, y ha sido catalogada como “roca magmática” ya que emerge de las entrañas del volcán. Es una piedra de fuego, negra, lustrosa, lisa cuando pulida y filosa en su origen. Tiene un gran ferromagnetismo, lo que ayuda a la circulación de la sangre en el individuo, incrementa la señal eléctrica en el sistema nervioso y potencia la energía vital. Tiene capacidades psíquicas ya que por su capacidad de absorción, su color negro, y su corte concoidal permite extraer energía del ser, “poniendo fuera lo que tenemos dentro”, y ello permite que haga las veces de un espejo del alma. A través de los tiempos, la obsidiana ha sido considerada una piedra sagrada en aquellas culturas donde se logró conocer profundamente, tal como la civilización mesoamericana, la egipcia, la griega y romana(6).

Uno de los mejores usos y aplicaciones terapéuticas de la obsidiana, está plasmado en OSIRIS el huevo de obsidiana. Como mencioné arriba, ésta tiene la capacidad de mostrar lo que tenemos dentro de nuestra sombra, en nuestro inconciente, y por ende, nos puede mostrar aquellas emociones y vivencias olvidadas ya sea por dolorosas o por profundas, todas buenas o malas, reprimidas.
Con el uso de OSIRIS, la mujer puede liberar recuerdos de su juventud, o de su infancia, pueden venir también del útero de la madre o bien de vidas pasadas. Ello depende de dónde se encuentre el shock o la memoria atrapada. El tiempo y la forma de uso, son importantes para lograr una meta o bien, un entendimiento de esta terapéutica.
El trabajo se muestra primeramente, cuando –en general- la mujer contacta con esa parte de sí misma donde se da cuenta de su silencio. Se percata de todo aquello que no habla, no dice o no se permite sentir para “no afectar a los otros” o “no generar conflictos en el exterior”. Es una parte de la mujer que emerge y no es ni grata ni agradable. Es inclusive molesto darse cuenta de esa parte que soporta cuando es sometida, dominada, no tomada en cuenta, ignorada, o inclusive violada tanto en su cuerpo como en sus derechos de mujer. Estas vivencias que conllevan emociones de dolor, de sufrimiento, de impotencia, sometimiento, y vejación son todas cualidades del arquetipo de “la esclava”. La esclava lo que busca, es quien le dicte la vida, quien le resuelva sus problemas, quien le indique el camino, para que ella lo obedezca sin cortapisa alguna.

Este, como el resto de los arquetipos surgen en los albores del patriarcado, hace unos 3,200 años. Y es a partir de estas fechas que se generan estas construcciones mentales que al ser universales, se convierten en arquetipos. La esclava, no es más que el resumen puesto en el cuerpo y mente de los individuos, y que al quedar en la sombra o inconciente, no se conoce, no se percibe y no se devela. No, hasta el momento de poderlo ver a través de un espejo, que son “los otros”. La esclava se manifiesta de manera clara y precisa, con el uso del huevo de obsidiana, así como los arquetipos siguientes.
La esclava se libera cuando es capaz de romper su silencio. Pero al no haber sido capaz de hablar durante tanto tiempo, rompe su silencio en llanto, en grito, en reclamo, y en extremo alarido. Cuando esto sucede, aparece el arquetipo de la niña. Un arquetipo está para ser vivido, conocido, sentido y finalmente liberado. El arquetipo de la esclava se libera a través del arquetipo de la niña. Ella es la que grita, llora, rompe su silencio y reclama. La niña no pretende arreglar su vida, pretende ser vista, atendida, apapachada, mimada, querida, aplaudida, reconocida, y siempre se expresa con llanto y reclamo. Ello, no es debido a otra causa, sino a la cantidad de tiempo que ha permanecido la esclava ocupando ese lugar, en silencio.
La niña busca ser aceptada, y su mejor opción es estar al lado de un hombre que la trate como hija. Ella busca el abrazo, el mimo y el ser atendida como una niña. Lejos de la responsabilidad que le confiere como mujer, la niña se refugia en los brazos de papá, quien desea darle gusto a todas sus peticiones.
La niña se libera cuando su grito se convierte en palabra, en comunicación, y logra expresar lo que desea. El deseo se abre con el arquetipo de la puta. La puta, como arquetipo ha sido rechazado por el hombre durante miles de años, ya que representa a aquella mujer que en las escrituras sagradas alude a la pecadora, prostituta que provoca la vergüenza de los hombres y mujeres. Este arquetipo, por las razones expuestas anteriormente, es al que menos desean las madres que lleguen sus hijas y que los padres repudian con horror, por lo que hoy día podemos deducir el porqué las mujeres de hoy, no se puede comportar como “mujeres”. Atrás de ellas, se encuentra la crítica, estéril, por supuesto, pero que no deja de ser crítica. El arquetipo de la puta tiene como rival a la sociedad misma, al entorno, a la familia, la religión y todo lo que le rodea. Es un gran reto a lograr, ya que la niña no es capaz de resolver las encrucijadas de la vida donde la que sí tiene la capacidad es la mujer. Lo que la puta busca, es un macho, que la haga feliz sexualmente, y un espacio donde ella pueda expresarse como mujer. La puta teme no encontrar al hombre que le permita manifestar todo cuanto como mujer puede ser, dar y compartir.
La puta trasciende su propia existencia arquetípica cuando logra descubrir que la que atrapa y somete a la esclava, la que castiga y maltrata a la niña, y la que la critica y juzga a ella, es el arquetipo de la madre siniestra. Este arquetipo, en sí, es el reto a descubrir ya que de no existir este, todos los arquetipos femeninos se podrían expresar y dejar su calidad de arquetipos ya que al manifestarse, se liberarían y cambiaría su esencia misma.
El arquetipo de la madre siniestra, surge ante impacto de estar frente a una imagen de una mujer controladora y manipuladora, cuando se da cuenta de que no permite la existencia de la esclava por el miedo a desobedecer, ya que en la antigüedad, cuando una esclava desobedecía el castigo era la muerte. El arquetipo de la madre siniestra, infunde miedo a la muerte al arquetipo de la esclava. La madre siniestra ante el arquetipo de la niña, infunde el miedo al castigo, al maltrato, al reclamo y genera la culpa en ella. La niña teme ser castigada y maltratada. El arquetipo de la madre siniestra infunde miedo a la crítica y a ser juzgada ante el arquetipo de la puta, ya que es la puta quien desprestigia los valores de la familia, la religión y la sociedad. La madre siniestra somete a la puta, a través de la amenaza de que por ser ésta quien es, nadie la va a amar ni aceptar como mujer.
El arquetipo de la madre siniestra es la que somete, castiga y critica al resto de los arquetipos, y por ser la más profunda, es el arquetipo más difícil de identificar de los cuatro anteriormente propuestos.
¿Cuál es el arquetipo que vive (en estos momentos) en mí? ¿Desde qué enfoque veo, vivo, y siento la vida misma en mí? ¿Qué es lo que tengo que vivir para liberar el arquetipo que hoy me atrapa? ¿Cómo puedo conocer al arquetipo que domina mi ser en estos momentos?
Abrir el arquetipo que me domina, con el uso terapéutico de Osiris el huevo de obsidiana, me llevará a develar qué emociones estoy ocultando ante mí misma, qué sentimientos desconozco de mí, qué historias guardo desde la sombra en mi ser que detienen mi devenir, frenan mi futuro, y no me permiten avanzar.
Una de las herramientas que nos ayudan a develar y expresar nuestro arquetipo que se moviliza con OSIRIS el huevo de obsidiana es el TANGO, ya que para poder ver mi sombra, necesito “del otro” que me permitirá dejar hablar mi cuerpo, en ese abrazo profundo, en ese contacto del cuerpo, que en un vaivén armonioso, develará mis emociones más profundas que conectadas a OSIRIS el huevo de obsidiana me ponen en contacto conmigo misma, desde ese lugar desconocido por mí (que muchas veces es conocido para los otros) (7).
Así, con el uso del OSIRIS, y el acompañamiento del abrazo en el TANGO, podré saber quién estoy siendo en este momento de mi vida, ¿una esclava? ¿una niña? ¿una puta? O ¿una madre siniestra…?

 

www.obsidianamx.com

BIBLIOGRAFÍA

(1) Serrano, Ana Silvia, Osiris, el Huevo de Obsidiana, Sanación de la Energía Femenina, editorial Continente, Buenos Aires, Argentina, 2010.
(2) Jung, Carl G., Arquetipos e Inconciente Colectivo, editorial Paidós, España, 1970
(3) Eliade, Mircea, Mito y Realidad, editorial Labor, Barcelona, España
(4) Shapiro Debbie, Cuerpo Mente, editorial Robin Book 1993, imp México
(5) Dahal y Defhelson, La Enfermedad como Camino, editorial Plaza & Janés, España 1993
(6) Serrano, Ana Silvia, Obsidiana, Piedra Sagrada de Sanación, editorial Continente, Buenos Aires, Argentina 2011.
(7) Trossero, Federico, TangoTerapia, editorial Continente, Buenos Aires, Argentina 2010.

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