En las últimas décadas expertas en distintas disciplinas han comenzado a reconstruir la identidad femenina que fue ensombrecida y mutilada durante más de veinte siglos por el pensamiento patriarcal.
Psicólogas, arqueólogas, antropólogas, chamanas, teólogas y eruditas han tenido que remontarse hasta los mitos y arquetipos de origen de la cultura agrícola que floreció en la Antigua Europa, Anatolia, Medio Oriente y otros lugares del planeta (entre el 800 al 3.000 a. C., y perduró en una miríada de diosas y rituales en culturas posteriores) para encontrar rostros femeninos no oprimidos.
En esas tradiciones sagradas el símbolo de la Gran Diosa, la Creadora de la vida, la muerte y el renacimiento cíclico contiene un caudal psicológico – espiritual de orientación femenina, muy distintos a las filosofías masculinas y religiones monoteístas tardías de la antigüedad clásica.
Psicólogas neo-junguianas, como Jean Shinoda Bolen y Silvia Brinton Perera consideran a las diosas como patrones potenciales en la psiquis de todas las mujeres.
“Si reprimes o callas lo que sientes, si niegas o quitas importancia a lo que ves, o no expresas lo que quieres, y nadie a tu alrededor parece advertirlo, el circulo es el lugar en donde, en una atmosfera de igualdad, por el simple hecho de estar presente puedes aprender”…”el centésimo mono es la alegoría que alienta la esperanza de que cuando un número decisivo de personas transforman su actitud o su comportamiento, la cultura en su totalidad se trasformará”
Jean Shinoda Bolen
Un grupo de científicos se dedicó a estudiar durante treinta años ciertas colonias de monos en diversas islas separadas entre sí en las inmediaciones de las costas de Japón. Necesitaban que los monos bajaran de los árboles para estudiar su comportamiento y para ello les arrojaban boniatos a modo de cebo. Cuando los monos se acercaban a comérselos, podían observarlos cómodamente.
“Te comportas como mi madre.”
Ay, ¡Por favor! Déjame en paz!
Cada vez que oigo algo parecido de un buen amigo o novio, incluso en vísperas del Día de la Madre, no puedo ocultar mi disgusto. La madre tenía importancia vital para cada uno de nosotros cuando éramos menores de cinco años y dependíamos de los padres. ¡Vamos, olvídalo, madura de una vez!
Pero resulta que no es tan fácil. A lo largo de nuestra vida, las relaciones más intensas, gratificantes, embriagadoras, dolorosas y las que más enseñan a nosotros son las que tenemos con nuestros padres y ante todo, con las madres.
No importa fallecidos o vivos, en guerra o en paz con nosotros, viviendo al lado o al otro lado del continente, nuestros padres siempre están presentes en nuestras vidas. Seguimos interaccionando con ellos en cualquier relación que entablamos, sea nuestra media naranja, jefe, amigos íntimos, etc.
A mí me parece que los vínculos de las mujeres ante todo con sus madres son especialmente complicados y enredados.
LA MATRISINIESTRALIDAD & LA CONEXIÓN CON MARI. "La Gran Diosa Vasca Mari es claramente el símbolo de la Vida, la Madre Siniestra es la fuerza contraria que juzga, condena y reprime”
Los aspectos emocionales que carga la memoria de la mujer en su femineidad, así como el aspecto femenino del hombre tienen su base en el origen del patriarcado hace 5000 años. La memoria emocional ha dejado una memoria de dolor, vergüenza, sometimiento, culpa, rabia y victimismo.
La mujer ha grabado la memoria de tener miedo a ser “ella misma”, esto le ha hecho tener que desarrollar el papel de dócil y sumisa para alcanzar el rango más alto, ser una mujer casada. Toda mujer ve reflejada su realización a través del mandato de un hombre, este comportamiento es impuesto por este sistema de creencias patriarcal, donde el hombre pasa a ser el centro y único motivo de devoción, aquí es donde la mujer se pierde así misma creando lazos de control y dependencia hacia el hombre.
Hemos de recuperar nuestro “poder” entendido como energía femenina bien aspectada en hombres y mujeres, esto nos obliga a tener que revisar nuestros aspectos femeninos que han sido reprimidos u oprimidos por el surgimiento del patriarcado